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Las rabietas, algunos trucos y Moncho Rabioso de Gracia Iglesia

Hoy os traígo un libro de Gracia Iglesias llamado Moncho Rabioso, una excelente herramienta para intentar hacerles ver a los peques lo que son las rabietas y como las perciben los demás.

Portada del libro de Gracia, Moncho Rabioso

Las rabietas no son otra cosa que la reacción de los pequeños a algo que no pueden conseguir, ya sea porque se lo negamos o porque no pueden comunicarse con nosotros y hacerse entender. Normalmente se da a partir de los 2 años (o incluso antes dependiendo de la madurez del niño) que son cuando más terribles se ponen,  dicen los entendidos que es  porque no saben comunicarse y ya tienen la percepción de sí mismos y de lo que quieren, pero no significa que se quiten mágicamente cuando el niño aprende hablar… que va… Pueden durar hasta incluso entrados los 6 años.

Digamos que es como una reacción a la frustración. Se sienten frustrados y lo expresan de la única forma que saben, llorando a moco tendido, tirándose al suelo, rompiendo cosas o incluso pegando o autolastimándose.

Niño tirado en el suelo en plena rabieta, en un supermercado, y la madre lo intenta levantar del suelo

¿Qué padre no se ha sentido con ganas de que le tragase la tierra cuando el niño ha empezado a montar los dramas que arman? Porque aunque en casa también se dan, las rabietas son proporcionales a la cantidad de personas que haya. Mientras más personas, más rabietas.

No tengo una varita mágica, ni el truco infalible, ni la herramienta perfecta para acabar con ellas, la verdad. Os puedo comentar que es lo que, cuando más pequeña, le funcionaba a mi ratona, pero poco más. Cuando estaba en plena aDoslescencia, servía mucho distraerla: anda miraaaaa, un  perrooo!! O no puedes tener el mando a distancia pero miraaa que chulooo, un servilletero. Por poner ejemplos.

Ahora de mayor, intento usar varias técnicas que he mezclado llegando a algo propio, cogidas de Alvaro Bilbao y de Disciplina positiva:

1. Empatizar y darle nombre a la emoción que siente el niño: Estás enfadada porque mamá no te ha dado el mando a distancia, ¿verdad? Lo entiendo.
2. Luego decirle el por qué no: Lo siento pero no puedes saltar encima del sofá porque te puedes caer y hacerte daño.
3. Y acompañar. Es decir, quedarte con él hasta que se empiece a calmar y entonces hablar con él y decir que se puede hacer: no puedes saltar en el sofá peeeero, si podemos saltar en el suelo. Saltamos alto las dos juntas???

Esto sería lo bucólico, lo ideal, lo maravilloso. Pero ni todos los niños son iguales, ni la paciencia de los padres es igual todos los días, a todas las horas y todos los minutos.

En Moncho Rabioso, Gracia, usa la distracción por parte de familiares y allegados de Moncho para pararles esas rabietas y hacerle ver cómo te ven desde fuera cuando estás en una de ellas. Digamos que esos allegados se ponen de acuerdo todos en "saltar con la rabieta" antes que él haciendo igual que hace Moncho. Se tiran al suelo y hacen lo mismo. Moncho se sorprende y siente algo de vergüenza al verlos así. Tiene un final que gusta a los padres, evidentemente. Y a los niños les hace recapacitar.

Sobre todo el libro hace incisión en que aunque los queremos mucho, siempre y en todo momento, hay veces que no nos gusta como se están comportando. En mi caso me sirvió con mi hija hace poco. En plena rabieta, le pregunté si me quería, y ella me dijo que sí. Y le pregunté si le gustaba verme enfadada y me dijo que no, que no quería verme enfadada nunca. Pues le comenté que es lo mismo que me ocurre a mi, que yo la quiero muchísimo pero no me gusta verla de esa manera cuando ya sabe hablar, expresarse y decirme qué le ocurre.

En fin… ojalá todo fuera fácil a la hora de educar a nuestros hijos pero cada día es diferente, y nuestra paciencia es una jarra que hay que saber llenar cuando está vacía.

Día de culpabilidad maternal

Hoy me acuesto con un pellizquito en el corazón y un elefante en la tripa (como dice el libro de No te vayas que reseñé hace poco) y es que no he sabido llevar bien las cosas hoy, emocionalmente hablando, con mi ratona.

A punto de cumplir los 4 años no puedo decir que mi niña sea mala. No, no lo es. Es más buena que el pan, tiene un corazón de oro, empática 100% y muy, muy cariñosa. Pero como todos los niños, pasa por épocas peores de berrinches, cuando se cansa se obceca y no sabe como salir del bucle.

Mujer sentada en unos escalones de colores. No se le ve la cara ya que se tapa con las manos la cara, y le tapa también el pelo.
Foto tomada de Internet

Desde hace dos semanas, en casa estamos algo más tenso por cuestiones de salud familiar, en este caso el abuelo. Así que es verdad que estamos más preocupados, algo más tensos e intentando llegar a todo sin olvidarnos de nada.

El caso es que hoy hemos entrado al colegio normal, contenta, con ganas, pero... el salir de clase ha sido apoteósico. Se que cuando llueve y los niños no desfogan en el recreo, lo llevan mal y están malhumorados, pero es que la que ha salido de clase no es mi hija. Empezó a quejarse de todo, a pedir, a montar pifostios por todo... Y yo estuve sorteando las minas hasta que ya no pude más y empecé a acumular sentimientos hasta pisar una de esas minas y estallar.

Volví a recuperar mi ser cuando llegamos al coche. Me disculpé, ella se disculpó, nos dimos un abrazo y empecé de cero. Pero volvió a su bucle de quejas, berrinches y pataletas por todo y nada.

Los lunes no puede dormir la siesta porque tiene Taekwondo. Supongo que todo se hubiera arreglado si yo, siendo más inteligente, la hubiera dejado durmiendo la siesta y que no hubiera ido a extraescolar. Pero tenía que hacer papeles para los abuelos, escanear esos papeles, mandarlos a hospitales, etc.. y con la peque es más difícil. Así que para allá que fue a terminar de desfogar lo que no había podido hacer en clase. Claro que cuanto más desfoga, más se cansa....

Así que cuando llegó de Taekwondo no era una niña, era un terremoto emocional. Se vino un vecinito 2 años más pequeño a jugar y aquello fue una batalla campal donde mi hija llegó hasta empujarle. Unas rabietas hermosas que no recordaba desde hacía ya tiempo. 

Dios. A las 19.30 ya estábamos en la ducha, no sin antes tener bastantes problemas. Ahí perdí ya la poca paciencia que tenía y me costó sudor y lágrimas no coger la puerta e irme para no perder los pocos papeles que me quedaban.

Cuando conseguí contar hasta 100, empezamos a hablar más calmadas y le conté todo lo que me pasaba y por qué estaba tan enfadada. Le dije que la quería, pero que no me gustaba cuando se ponía así, cuando no escuchaba ni nos prestaba atención, cuando se negaba a todo, cuando desobedecía y pegaba (aunque fuera a los cojines). Que entendía que estuviera cansada, pero que yo también lo estaba y así no íbamos a arreglar nada.
Le pregunté si me quería, y me dijo que sí, y le pregunté si le gustaba verme enfadada y me dijo que no. Pues le dije que justo eso mismo me pasa a mí cuando la veo "rabiosa" (le decimos así por el libro de Moncho Rabioso, que algún día reseñaré).
El caso es que conseguí que se calmara y saliera del bucle, nos duchamos, cenamos, nos lavamos los dientes y se acostó.

Pero yo me siento una mierda. Siento que he perdido hoy muchas veces los papeles, que he llegado a amenazarla sin cumpleaños cuando podía haber empezado a hablarle como lo hice al final. Hoy me siento muy culpable y me voy con el corazón encogido a la cama, aunque me ha dado muchos besos y me ha perdido perdón igual que se lo he pedido yo a ella.
No es justo que yo que tengo 40 años, pierda los papeles ante una niña de 4. Debería conseguir tener más paciencia, saber usar esas herramientas que tan maravillosamente he ido aprendiendo de las clases de padres, de la disciplina positiva (eso que hoy me he pasado por el forro), de Alvaro Bilbao... NADA. NO HE RECORDADO NADA.  Solo me ponía más y más nerviosa y agobiada al ver que nada de lo que hacía podía enganchar con ella y calmarla.

En fin.. espero que mañana sea un mejor día. Hoy dejo aquí todo este pensamiento para ayudar a sacarlo de mi cabeza. Se que las hormonas también están jugando conmigo ya que estoy en pleno SPM. Pero debería ser más fuerte que ellas.

Buenas noches y siento esta entrada. Hoy no ha sido un gran día y necesitaba vomitar toda la frustración en estas lineas. Gracias por leerme.