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Fomentando el amor a los libros

¡Hola a todos!¿Qué tal vuestro inicio de la semana santa? Nosotros no podemos quejarnos. Yo he decidido que esta semana sería la semana sin prisas. No vamos a correr bajo ningún concepto. No hay nada que nos haga estresarnos (o eso intentamos, jeje). Así que estoy haciendo poco en casa (las pelusas están campando a sus anchas pero ya lucharé contra ellas otro día), leyendo mucho y pasando mucho más tiempo si cabe con Nuria. Y de eso es de lo que os voy a hablar hoy.

Ya sabéis que veo un libro infantil y se me van los ojos detrás, y no paro de darle vueltas hasta que se viene a casa con nosotros. Además, me gusta darle la vuelta al libro y ver que puedo sacar de él. No solo para que a Nuria le interese, sino para que se quede prendado de él y quiera volver a leerlo una y otra vez.


Ya os conté que el cuento favorito de mi hija es el de Los tres cerditos. El otro día vino un amigo de ella de la guarde a casa, y pensé en qué hacer para mantenerlos ocupados. Hubo un rato de parque y columpios, otro de juego simbólico con la cocinita, otro de saltar en la colchoneta y hacer volteretas, y por supuesto hubo cuento. Pero el día de antes me había currado un poster tamaño grande (inmensos para ellos) para colorear. Lo tiré al suelo y allí estuvieron los dos, coloreando un rato tras el famoso cuento. Duró poco, la verdad, jajaja, mucho trabajo para muy poco tiempo.


Y hoy he terminado algo que llevaba tiempo pensando cómo hacerlo. Os comenté, allá por septiembre, que había llegado a la biblioteca de Nuria, el libro de ¿A qué sabe la luna? Es un libro divertido que ya os traeré en otra ocasión. Pues he reproducido el cuento en una tela de fieltro, con sus personajes plastificados con velcro para poder representar el cuento con Nuria. Estoy deseando enseñárselo (lo acabo de terminar). Ya os contaré que tal va y si le gusta. Por lo pronto el libro le llama mucho la atención. 


He puesto el boli para que vierais el tamaño del fieltro en comparación. Los personajes están impresos, plastificados y recortados. Y luego con velcro por detrás para pegarlo a la tela.


Ya veis, se me sigue yendo la olla, pero espero que le guste la idea y pasemos un rato divertido. A ver que se me ocurre para el siguiente cuento.